4 octubre, 2018

Envio de Misa de Servidores

Madre, danos fuerza para unirnos como hermanos

Comisión Arquidiocesana de Piedad Popular

 

“Quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien”.           Papa Francisco

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Estimados colegas: a continuación, enviamos la desgrabación de la homilía del cardenal Mario Poli en la Misa de Servidores de la Peregrinación Juvenil a Luján.

Fue en el Santuario de San Cayetano de Liniers ayer, martes 2 de octubre, por la noche.

Más de 400 servidores de los peregrinos, miembros de la Comisión Arquidiocesana de Piedad Popular, participaron de la ceremonia religiosa. Al finalizar la celebración religiosa, se realizó la bendición de manos de los servidores.

Adjuntamos Link de un mensaje del Cardenal Poli a los peregrinos:  “https://www.facebook.com/peregrinacionjuvenilalujan/videos/350475319027571/” 

Les recordamos que el próximo sábado 6 de octubre se realizará la 44° Peregrinación Juvenil a Luján, bajo el lema: “Madre, danos fuerza para unirnos como hermanos”.

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Desgrabación de la homilía cardenal Mario Aurelio Poli en ocasión de la Misa de Servidores del 2 de octubre de 2018

“En esta misa, sé que son convocados todos los voluntarios que van a estar a lo largo del camino. Van a ayudar a los peregrinos.

Siempre celebramos la misa de la Virgen de Luján porque la liturgia nos pone ante el momento tan lindo, como es el momento en que Jesús le delega a su Madre el cuidado de todos nosotros.

Estamos en el momento de la Pasión. Jesús está en la Cruz a punto de ofrecer su sacrificio de amor a su Padre, Dios, y nos entrega lo mejor que tiene, Jesús, y lo mejor que tiene un hijo o una hija: que es a su mamá.

Y desde ese momento, dice este breve texto del Evangelio de San Juan que proclamamos, que el discípulo se la llevó a su casa, se la llevó con él. La hizo suya.

Bueno, ese es el momento en que implica todo lo que acontece alrededor de la devoción de la Virgen.

¿Si uno quiere explicar por qué tantos jóvenes, tantos chicas y chicos y tantos hombres y mujeres se están preparando estos días para la peregrinación? ¿Quién los convoca? ¿Qué motivaciones tienen?  Uno tiene que encontrar la explicación en este breve texto. Ella es la que nos atrae, porque se tomó muy a pecho lo que Jesús le encargó al pie de la Cruz: Madre, ahí tienes a tus hijos. Este discípulo no tiene nombre: para que cada uno de los peregrinos y cada uno de ustedes ponga sus nombres. ¡Pongamos todos los nombres! ¡Ahí estamos todos!

Hay mucha gente que, en los medios, estos días, trata de explicar la peregrinación multitudinaria, explicándola solamente por la situación social, por el clima que estamos viviendo. Dan razones muy humanas, muy sociológicas o psicológicas.

Pero no vamos a perder de vista esta mirada de la fe. Los pies de los peregrinos son movidos por la fe. El corazón de los peregrinos está puesto en Dios y de la mano de la Virgen. Y esas razones no las tenemos que dejar de lado, porque es la explicación más oportuna y más profunda que podemos dar de la peregrinación. Es una manifestación de fe. Es un acto de amor, de fe de nuestro pueblo.

Y el lema elegido, sí tiene que ver con lo que nos está pasando a los argentinos: “Madre, danos fuerza para unirnos como hermanos”. Como lo que somos.

Porque, ni en la sociedad, ni en nuestra vida cotidiana –tampoco- nos reconocemos como lo que somos.

Tratamos de explicarlo como una grieta, divisiones políticas, pensamientos, ideologías. Pero dejamos de lado que compartimos una tierra común, raíces comunes profundas. Compartimos también una misma fe. Padecemos los mismos problemas que todos los argentinos. Y eso ya suena a familia. Y la palabra hermanos representa precisamente lo que deseamos y lo que aspiramos: tratarnos un poco más como hermanos.

Y acudimos a la Madre porque Ella nos da fuerza para unirnos. Y está a la vista la unidad que produce cuando tanta gente se autoconvoca para ir caminando “a pata” a Lujan.

Este es un lugar especial para hablar de la peregrinación. Sobre todo, mirando a la Beata Antula.

Ustedes saben que este Santuario de San Cayetano se lo debemos a ella, porque le tenía mucha devoción a San José y a San Cayetano. Ella vivía de la Providencia. Y vivía mangueándole a uno y a otro. Y decía que cuando San José se distraía, entonces le pedía a San Cayetano.

Y a los dos les llamaba “los Santos de la Providencia”. Y a San Cayetano, en una de las cartas, le dice: “el Santo del Pan”.

Ella, antes de morir, dijo que tenía deseo que ellas [sus hermanas monjas] alguna vez levantasen un templo en honor a San Cayetano, que le tenía tanta devoción. Y le hicieron caso después de cien años de su muerte.

Fundan el colegio y esta es la capilla del colegio. ¡¡La capilla!! No estaba pensado para ser un Santuario. Luego, la intuición de Mamá Antula se cumple. Porque, así como ella lo reconoció -mujer de pueblo-  lo reconoció como el santo de la providencia, el pueblo en las necesidades lo reconoce como el Santo del pan y del trabajo: tan fundamental para que nuestro pueblo siga caminando.

Madre, danos fuerza para unirnos como hermanos, ese es el lema.

Y tenemos que dar gracias a Dios porque hay tanta gente como ustedes que se ponen al servicio de la peregrinación. ¡También peregrinan por eso! Como peregrinan los enfermos, los abuelos, los que están en la cárcel que les gustaría peregrinar, los que están postrados. Los que tienen que trabajar, no tienen opción y les gustaría también sumarse.

En el día de hoy celebramos a los Santos Ángeles Custodios. Ustedes vendrían a ser como ángeles de la guarda que están en el camino y ofrecen sus servicios para que nuestro pueblo pueda llegar a destino.

Esta misa tiene ese sentido. Yo les decía que es el lugar propio porque ella [Mamá Antula] fue peregrina por excelencia. Se dice que hizo más de tres mil kilómetros a pie descalzo recorriendo el país y fundando tantas casas de ejercicios. Ayudando a los pobres. Y adonde llegaba, a un pueblo, lo primero que hacía era ir a ver a los presos.

Esta santaza, que ya es Beata porque ya tiene un milagro muy grande porque está próxima a ser canonizada, también nos acompaña porque conoce de la peregrinación. Conoce de los caminos.

Y digo que ustedes son peregrinos, no me confundo cuando les dije “queridos peregrinos” porque tienen que sentirse peregrinos para unirse a tanta gente que va caminando.

En realidad, todos somos peregrinos. Porque la vida es un préstamo sagrado y al final del camino la vamos a tener que entregar todos. ¡La vida es una peregrinación! Y cada vez que peregrinamos, cada vez que nos sumamos a una peregrinación, confirmarnos nuestra fe, nuestra razón de de ser cristianos, porque lo seguimos a Jesús, el peregrino, como lo llamaba una espiritualidad.

Él es el que va adelante, Él es el que inspira, el que levanta a los caídos, el que exhorta, el que consuela, el que perdona. Es el que sabe. Jesús es el que nos acompaña en el camino. Y Él es el que devuelve las gauchadas que ustedes van a hacer. Jesús no es malo. Sabe premiar a sus amigos, sabe dar las gracias.

Así decimos que Dios no se deja ganar en velocidad, ¿no?

En esta noche, le vamos a pedir a la Virgen que seamos nosotros también tocados por esta gracia. Recordemos que somos hermanos. Y demuestren en servicio, ustedes lo saben hacer, que somos hermanos. Porque tratar a un peregrino, a una peregrina, como hermanos, es una delicadeza especial. Es un trato humano. No somos extraños, nos conocemos.

Sepan que hay mucha gente que va caminando y que por ahí no tiene mucho que ver con la Iglesia institución. Los atrae la Virgen. Hizo una promesa, la Virgen adelantó su gracia y va a sus pies.

Ustedes son como testigos de la fe, también. Tratarlos como hermanos es decirles también: esta es la Iglesia que te espera, es la Iglesia servidora. Ustedes son la imagen de la Iglesia servidora.

Le gusta mucho al Papa Francisco esta idea. Él nos invita a recuperar la imagen del servicio, que es el mejor crédito que tenemos los cristianos.

Entonces le pedimos en esta misa que los bendiga a ustedes, a sus familias, a los miles de servidores que se van a poner al servicio de los peregrinos. ¡Y que el Señor los sorprenda de vuelta con esta gracia! ¡¡Siempre nos sorprende que puede haber accidentes, pero, cómo nos cuida en el camino!! A través de ustedes. Ustedes son el signo de la Providencia en este tiempo.

Así que necesitamos esta gracia también. Tomemos de la Eucaristía lo que necesitamos para el servicio. Así como cada peregrino toma del pan y del vino que se consagra en el cuerpo y la sangre de Jesús lo que necesita para seguir caminando.

Que el Señor los bendiga y que les conceda también a ustedes las gracias que necesitan”.

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